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sábado, 5 de enero de 2019

Eneros grises


Creo que para mí este es el peor mes del año. Le tengo miedo y hasta lo odio por un par de razones. Siempre está la ansiedad de empezar un nuevo año cargado de incertidumbre y desafíos que aún no veo. Pero también éste mes hace ocho años fue el peor de todos cuando murió mi abuelo y hace dos, cuando lo hizo mi perro de trece años. 
Y éste también es duro porque mi padre inicia tratamiento contra el cáncer. Por casi un mes me tengo que encargar de mi casa y el negocio de mis padres porque estarán fuera de la ciudad durante ese tiempo. Sin mencionar que mi hermano está enfermo y estuvo internado esta semana, y me aterra que se ponga peor mientras no estén. 
Por ende, otro mes duro.

Todo esto hace que me deprima mucho. Y la gente no lo entiende, ni antes, ni ahora. 
Para todos es un mes de joda, fiestas, vacaciones, salir de noche, juntarse a tomar, bailar, pileta; y yo no puedo. No puedo porque estoy triste y me aíslo. 
Sólo quiero llorar y no moverme de mi cama, pero tengo cosas que hacer y sonrisas falsas que poner y decir frases que ni yo me las creo pero ante todo ¡positiva! (yeah, right).

Así que aunque a todos les gustó mi entrada anterior llena de buena vibra, la vida no es color de rosa. Es gris, al menos la mía, o mis eneros. 


Espero que ustedes si tengan un buen comienzo de año, las quiero mucho.
Nos leemos.





jueves, 19 de julio de 2018

El desafío de vivir

No sabía que se podía tener bloqueo de escritor, pero de la vida. 
Cuando te encontrás estancado en una rutina nauseabunda que no te deja avanzar porque no podes, porque no querés, porque no sabés qué hacer, o porque te da miedo lo que sigue y cómo puede terminar. 
Aveces cuesta vivir porque no es tan fácil como respirar, aunque así debería serlo. Nosotros la complicamos, siempre queremos más hasta cuando sabemos que no podemos. Y nos agobiamos por nadar en mediocridad, nos quejamos de nuestras miserias y quedamos sumergidos en angustia y dolor. 
Lo peor es que el sentimiento de culpa te mata. Te mata no saber qué hacer para sobrevivir en un mundo que te pertenece. Un mundo que construis a diario con tus acciones. Un mundo tuyo y de nadie más. 
Que difícil es vivir sintiéndote inferior a todos y a todo. Vivir con miedo a lo desconocido y a lo que conoces también. No aprendes, no avanzas, no creces. Te estancas y te morís. Pero sin darte cuenta.


Nos leemos.

martes, 27 de febrero de 2018

Un cambio


Me caí, de nuevo. La semana pasada fue aislamiento, llanto, desesperación y angustia. Un combo explosivo. Hoy sigo desesperanzada pero creo que puede cambiar, creo que yo puedo cambiar.

Este viernes tengo turno para mi primera sesión de terapia. Es algo que me debo desde hace años y va a ser interesante. Tengo miedos pero también me entusiasma ver como es la onda. Quiero respuestas.


Me gustaría que me contaran cómo fue su primera visita al psicólogo/psiquiatra. Mas o menos sé qué esperar, pero quiero que me lo cuenten desde su propia experiencia.
Espero que su semana sea buena.
Nos leemos.



sábado, 3 de febrero de 2018

Dolores que permanecen


Enero me dio su dosis de días grises. Lloré, tuve ataques, me aislé, me lastimé, grité y volví a llorar. 
Tantos días de hacer de cuenta cómo que "nada pasaba" me cobraron factura. Pero hoy estoy un poco más aliviada, respirando, perdonándome. 
Sigo trepando el pozo en busca de luz, quiero salir pero el camino es largo. Lo bueno es que estoy un poco más cerca que ayer. 

Gracias por sus consejos sobre la psicóloga, creo que le voy a dar una oportunidad porque realmente no quiero volver a cómo estaba antes. Creo que al menos podría ir a una primera consulta y ver cómo es la onda y si realmente me cae bien, seguir. 


Me produce mucha ansiedad cada vez que pienso sobre el tema pero se que es lo mejor que podría hacer por mi. 

Nos leemos.

lunes, 30 de octubre de 2017

Otro día menos

Me levanto cada mañana con la esperanza de que será mejor y con el miedo de que no.
Desayuno el café mas negro que te puedas imaginar, rogando que me de las energías suficientes como para no regresar a la cama.
La música me calma y me invita a mirar los días de un modo menos trágico.
Cierro y aparto los libros, los alejo de mi vista y hago de cuenta que no están ahí. Hoy no, me digo. Tampoco mañana, no quiero lidiar con esto.
El ocio me abruma pero no quiero salir de casa. No quiero responder mensajes. No quiero ver a nadie.
Llega el mediodía y no quiero comer, pero lo hago de todos modos para engañar el estómago y a mi misma.
Si tomo una siesta quizás mi cabeza deje de hacer un ruido un rato. No, mejor no. Tampoco quiero ejercitar. Prefiero ver una película de cualquier cosa. ¿O quizás salir de casa?
Las horas pasaron y estoy sola de nuevo.
Hoy vi a mis amigos y estaba ausente en mi propio cuerpo. Sonreí un par de veces cuando sus miradas mostraban asombro y desconcierto por mi comportamiento. Sobreviví.
Es hora de una ducha larga para matar las horas de la noche y luego un té que me calentará el alma, mejor que un abrazo que no tendré.
Apago el celular porque no quiero responder ni saber de nadie.
Me aíslo, me aparto, me voy.

Otro día más, otro dia menos.



Nos leemos.