Creo que para mí este es el peor mes del año. Le tengo miedo y hasta lo odio por un par de razones. Siempre está la ansiedad de empezar un nuevo año cargado de incertidumbre y desafíos que aún no veo. Pero también éste mes hace ocho años fue el peor de todos cuando murió mi abuelo y hace dos, cuando lo hizo mi perro de trece años.
Y éste también es duro porque mi padre inicia tratamiento contra el cáncer. Por casi un mes me tengo que encargar de mi casa y el negocio de mis padres porque estarán fuera de la ciudad durante ese tiempo. Sin mencionar que mi hermano está enfermo y estuvo internado esta semana, y me aterra que se ponga peor mientras no estén.
Por ende, otro mes duro.
Todo esto hace que me deprima mucho. Y la gente no lo entiende, ni antes, ni ahora.
Para todos es un mes de joda, fiestas, vacaciones, salir de noche, juntarse a tomar, bailar, pileta; y yo no puedo. No puedo porque estoy triste y me aíslo.
Sólo quiero llorar y no moverme de mi cama, pero tengo cosas que hacer y sonrisas falsas que poner y decir frases que ni yo me las creo pero ante todo ¡positiva! (yeah, right).
Así que aunque a todos les gustó mi entrada anterior llena de buena vibra, la vida no es color de rosa. Es gris, al menos la mía, o mis eneros.
Espero que ustedes si tengan un buen comienzo de año, las quiero mucho.
Nos leemos.




