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miércoles, 6 de febrero de 2019

Alegría y dolor

Los días buenos dejaron de existir desde que te fuiste.
Desde esa llamada que me detuvo el corazón por un segundo, o más, muchos más.
Cuando el cielo se puso oscuro y las nubes lloraban en tu entierro.

Por momentos creo olvidar algunas cosas sobre vos, pero si me concentro y cierro los ojos puedo revivir todos esos lindos momentos nuevamente. Después de todo, quizás si tengo una "mente fresquita" como me decías.
Recuerdo algunos de tus cuentos, los que contabas y repetías incontables veces. Los cuáles yo escuchaba muy atentamente porque te admiraba más que a un Dios. Ya no recuerdo tus poemas y eso me entristece. Supongo que pensé que estarías más tiempo conmigo para repetirlos cada vez que yo te lo pidiera, pero no fue así.
Todos dicen que tengo tus ojos y les creo. Me dicen que era tu nieta favorita y eso siempre lo supe. 
Cuando partiste me dejaste destruida, con muchos problemas para una adolescente, perturbada y frágil. Y peor aún, no me despedí. 
¿Por qué no lo hice? ¿Por qué no me animé y me tragué mis lágrimas u orgullo y te fui a abrazar como siempre? Sólo recuerdo tu mirada cargada de tristeza y quizás dolor, un dolor que no querías comunicar para no arruinar ese lindo día familiar, que yo ya había arruinado con un berrinche. 
Quiero volver, revivir todas esas tardes en la plazita tomando mates. Que me enseñes cosas nuevamente, como cuando nadie me tenía paciencia y me ponía nerviosa. Vos simplemente me hablabas y me ayudabas con cualquier desafío, por pequeño que fuera, como a atarme los cordones o repetir esa oración que no podía recordar.

Después de que te fuiste, los años pasaron y muchos de tus secretos salieron a la luz. No sabía que tuviste depresión y que siempre quisiste asistencia psicológica, pero que en esa época no era tan común. No sabía la crueldad de tu infancia, no tenía idea de todo el dolor emocional que cargabas. 

Siempre me identifique con vos, desde la alegría y el dolor. Desde esa sonrisa que hacía que se te achinen un poco los ojos como a mí. Tu amor por las letras, el arte de la escritura. Tus ganas de saber siempre todo, ese hambre de aprender y leer siempre algo nuevo. La importancia que tenían las amistades para vos, y la familia. 

Y todavía me acuerdo de esa tarde en víspera de año nuevo, te dije que ese año (2010) había sido de mis mejores años y vos me dijiste que para vos había sido el peor porque te enfermaste. Te dije que el siguiente sería mejor y me dijiste que no para vos, que ése sería tu último año porque en el siguiente ibas a dejar de existir. (Dos días después y te tuve frente a un ataúd.) Esa tarde lloré porque sabía que lo decías en serio, porque lo sentí así. Aunque te veías fuerte y de buen humor siempre. 

Hoy te extraño y te recuerdo a diario. Muchas veces creo verte entre la gente, en la silueta,  en la risa o el perfume de alguien. Pero solo son otras de mis muchas fantasías, como muchos de mis sueños en los que te vuelvo a abrazar o te cuento cosas. Pero sos incomparable. Estás siempre presente en las anécdotas de la familia y tus amigos. Y en las mías, diciendo que tuve al mejor de todos.

Yo te quería tener mil años más conmigo. Pero hasta mil años me parecerían pocos. 
Gracias por marcarme tanto, desde la alegría y el dolor. 
Feliz cumpleaños abuelo. Te quiero y extraño mucho.





Nos leemos.

martes, 24 de octubre de 2017

Decepciones

Uno de mis mayores miedos siempre fue la decepción, sobre todo la idea de decepcionar a mis padres. Pero con el tiempo ese miedo se convirtió en realidad. 
No paro de decepcionar y decepcionarme. Y cada día se nota más que nunca fui ni seré perfecta como todo el mundo esperaba. Soy humana, soy imperfecta, pero me duele que sea así.
Y la gente también me decepciona a diario. Y yo sigo como una firme creyente de la buena gente, soy como una nena que sigue creyendo en Santa Claus aunque vio a sus padres comprando los regalos de navidad. Pero no puedo dejar de hacerlo. Y sufro por eso, sufro de decepciones y por la gente que ya no está en mi vida.
Ojalá creyera así tan ciegamente en mi misma...
Yo misma también me decepciono, no hago las cosas que mi yo del pasado habría querido. Estoy echando a perder todo el esfuerzo de años anteriores por episodios de mierda. Estoy confundida, aturdida, desesperada, pero no grito, ni me hago cargo de mis responsabilidades. Solo estoy. Solo existo mientras mi mundo se viene abajo. Y por dentro pienso que nada tiene sentido porque este no es mi lugar de todos modos, igual siempre me quise suicidar, total ya hice todo mal y no puedo hacer nada para cambiarlo.
¿Y si quiero revertir todo lo malo que hice? ¿Por donde empiezo?
Todo es más duro y complicado cuando sos adulto. Me encantaría tener 8 años nuevamente y sentarme atrás del auto de mi abuelo mientras me conduce hacia una plaza mientras me cuenta sus más grandes aventuras de joven. Pero hace 6 años que no escucho su voz, vendieron su auto apenas murió y yo definitivamente ya no soy una nena. No puedo volver.
No se quien soy, no se que quiero, no se nada y siempre quise saberlo todo.

Nos leemos.



lunes, 12 de septiembre de 2016

Dolor heredado

Hoy, o más bien ayer porque el día está oficialmente terminado, descubrí un secreto familiar que me ha dejado helada. No sé, ni como ponerlo en palabras, pero siento que necesitaba saber esto.
Ya no suelo hablar mucho del tema, pero creo que lo he mencionado un par de veces (como es el caso de ésta entrada) mi abuelo fue la persona que más influyó en mi vida. Lo amaba, me crié junto a él y era simplemente todo para mí. Pero murió hace cinco años y hasta el día de hoy no logro superarlo del todo.

El secreto familiar tiene que ver con él. Sucede que tuvo una infancia durísima, lo cual ya lo sabía.
Lo que no sabía fue el hecho de que vivió la muerte muy de cerca a una muy corta edad. Sus padres (mis bisabuelos) nunca le dieron una explicación clara sobre el hecho y creció sin saber que había pasado realmente.
La cuestión es que todo éste sufrimiento a tan corta edad y sin ningún tipo de explicación lo llevó a desarrollar problemas psicológicos. Wow, sigo sin poder creerlo. Porque hasta ahora me sentía la freak de la familia y no es así, quizás hasta heredé la depresión, no sé. En fin, sigo...
Todo ese dolor interior hizo que se encerrara en su mundo, sus padres le enseñaron a callar y aguantar. Y desde muy joven comenzó con problemas con el alcohol. No tenía ningún tipo de control y era lo único que lo ayudaba a sobrellevar la realidad. Y o sea, yo hago esto. Tengo un historial de papelones estando ebria y no aprendo más. Tengo veintiún años y me la paso cagandola cada fin de semana que salgo. 
Sin embargo no puedo comparar en este caso.
Y el resto de su vida también fueron un sin fin de comentos malos, pero tambien varios buenos.

Ahora, el día antes de que mi abuelo muera llamó a uno de sus hermanos. Éste viajó varias horas porque vive en una ciudad alejada y llegó a pasar el día. Todo okay, pero jamás pensabamos que el día terminaría con mi abuelo en un cajón. 
Anyways... antes de morir, hablaron. Y le contó detalles de sus primeros años de los que jamás había hablado con nadie. Culminando con un... "Quizás si yo hubiera recibido ayuda psicologica en esos tiempos, mi vida habría sido completamente diferente". 
WOW.

Así que eso es. Siento que él quería que yo supiera ésto por una razón. 
Y me duele en el alma solo imaginar las cosas que atrevezó y jamás dijo nada, como yo. Sufría en silencio. Claro que mi vida es un puto lujo a comparación de la suya y aunque mis padres no sean perfectos, creo que me gané la loteria con ellos.

Y hoy vuelvo a identificarme con él, como siempre. 
Ésa última frase no me deja dormir desde hace años, porque me la repito a diario. Creo que tengo todo en la vida para ser feliz o simplemente para ser normal, y aún así no puedo serlo. 
Mi abuelo fue una de las personas más inteligentes que conocí y no lo digo porque haya sido mi abuelo, realmente lo era. Y sé que si recibía la ayuda correcta y si las cosas hubieran sido diferentes, él habría hecho grandes cosas. 
Y yo lucho a diario con mi depresión para llevar una vida "normal", pero me cuesta demasiado concentrarme y llevar una vida fuera de mi cabeza. 

Por eso, no sé, siento que en cierta forma es un mensaje para mí. Para que consiga la ayuda necesaria. Para que me levante y siga, pero que siga bien no a medias. Porque si, yo la paso mal pero después me disfrazo y soy miss simpatía, pero por dentro estoy toda rota. Y eso no es levantarse y ser fuerte, eso es ser falsa porque me engaño a mí misma y no me hace bien.

Así que no sé que hacer ahora, pero definitivamente lo tendré en cuenta.


Sé que ya nadie me lee y tampoco tengo tiempo de visitar blogs. Pero quería dejar grabado ésto antes de dormir, porque no quiero olvidarlo. Porque si fuera mi abuelo lo recordaría con su super mente, pero yo no soy tan grandiosa y por eso lo escribo. Solo para mí, o para alguien más.



Nos leemos.

sábado, 2 de enero de 2016

Mi persona favorita, mi abuelito


Un día como hoy pero hace cinco años atrás mi corazón se partió en mil pedazos y mi alma se desgarró de dolor.
Un día como hoy pero hace cinco años recibí una llamada que me cambió la vida para siempre y para mal.
Un día como hoy pero hace cinco años atrás lloré cómo nunca antes y sentí que me moría. Definitivamente ese día una parte de mi se fue con él.
Un día como hoy pero hace cinco años atrás el tiempo se detuvo mientras el cielo lloraba junto a mí.
Un día como hoy pero hace cinco años atrás perdí a la persona más importante de mi vida, perdí a mi abuelo.




Hay personas que vienen a este mundo para enseñarte cosas, otras para darte amor incondicional, otras para acompañarte en esto que se llama vida; mi abuelo me brindo todo esto y más. 
Aún me cuesta mucho creer que ya no esté entre nosotros. Cada vez que voy a su casa lo busco inconscientemente y cada rincón de ese lugar me trae recuerdos de él. 
¡Es que lo quise tanto! Era una persona tan especial, tan perfecta. 
Era fuerte e invencible, imposible de creer que la muerte le haya ganado.


Los pocos recuerdos de mi infancia me llevan a su rostro. Me crié y viví en la casa de mis abuelos. Luego cuando me mudé con mis padres lo hice a una casa que queda a sólo tres bloques de la suya. Lo vi casi todos los días durante dieciséis años de mi vida. 

A diferencia de otros niños, yo disfrute desde siempre de su compañía. Aunque debo admitir que a veces me aburría de ver Bonanza, pero ahora daría lo que fuera por ver un episodio de su serie favorita junto a él. Mientras me contaba historias de antes, mientras se cebaba unos mates llenos de sabor, mientras me enseñaba sobre la vida y me recitaba versos, algunos inventados, otros suyos.
Hoy me odio porque creí que lo tendría para siempre para recitarlos, esos versos se fueron con él.

Pero nada me duele más que no haberme despedido de él esa maldita noche. Pero es que creía que lo tendría por siempre, tan fuerte, tan invencible y tan ciegamente débil y anciano a la vista de todos.

Aunque me lo dijo unos días antes, él lo presentía o lo sabía. ¡Era tan exorbitantemente sabio! O quizás era por los inimaginables dolores que sentía pero que jamás dejaba a la vista.
La tarde del 31 de diciembre de 2010, dos días antes de su deceso, me dijo que ése sería su último años y que en el 2011 iba a dejar de existir. 
Me lo dijo mientras le preguntaba acerca de como veía el año próximo, y así lo veía él.
No se suicidó ni nada parecido. Tenía problemas al corazón. Sabíamos algunas cosas y ocultaba muchas otras, otra de las actitudes que adopté de él.



 La noche en la que no me despedí de él, estábamos festejando el comienzo del nuevo año en una localidad alejada de la ciudad en la que vivimos; en la casa de verano de mi tía. Es una tradición que seguimos hasta éstos días.
Fue un día lleno de risas, charlas, juegos, brindis, un típico día familiar. Pero lo noté raro.
Recuerdo que era sábado y como el siguiente día era no laboral varios de mis familiares decidieron quedarse a pasar la noche allí al igual que él. Con mis padres habíamos acordado que mi madre, mi hermano y yo nos quedaríamos ahí y que mi padre regresaría a la ciudad a alimentar a mis perros que habían quedado solos ése día. Hasta el día de hoy no entiendo bien que pasó, pero mis hormonas adolescentes o quizás un frío presentimiento me obligó a llorar y que luego nos haría regresar ésa misma noche. 
Imposible de olvidar que mientras yo estaba llorando arriba de la cucheta en una de las habitaciones, mi abuelo entró a la habitación a dejar un par de cosas. Recuerdo haberme dado vuelta a espiar quién era, aunque sus pasos y su algo encorvada espalda ya lo habían delatado. Respetó mi espacio como siempre lo hizo y se marchó.
Luego yo salí afuera y pase unos minutos enojada, enojadísima con todos. Salí con una campera porque estaba freso y mi abuelo me puso la capucha molestándome. 
Y eso fue todo. Cuando me fui, me limite a saludar con la mano a todos y justo ESE día evite el abrazo que le daba siempre antes de irme. 
Si tan solo supiera que esos serían mis últimos momentos junto a él,si lo hubiera sabido, si me lo llevaba y si había un hospital cerca...

Llegué a casa cerca de la medianoche, me acosté y tres horas después el teléfono sonó. Se había descompuesto y pedían una ambulancia que jamás llegó. 
Mi madre se cambió y se dirigió a uno de los centros de salud cerca de casa porque lo traían de urgencia. Llegó casi sin aliento, agonizando, mi madre le puso el oxigeno, fue llevado a reanimación y no salió nunca más. Era domingo, fin de semana luego de año nuevo, habían médicos residentes y era de madrugada.
Dijeron que le dio un paro cardíaco y luego otro que terminó de quitarle el aliento definitivamente. 

Creo que me enteré a las nueve de la mañana, casi diez. El teléfono sonó nuevamente, solo que esta vez atendí yo. Nunca tuve tanto miedo al levantar el tubo. Era mi tío se lo escuchaba agitado y de fondo se escuchaba el llanto ensordecedor de mi propia madre. No hacía falta que me diga nada, ya lo sabía y lo sentía entre mis entrañas descomponiéndose con cada segundo que pasaba; pidió hablar con mi padre, me quedé en silencio y el teléfono simplemente se cayó de mi mano. No sentía mi cuerpo, no sentía sonidos, no veía que pasaba a mi alrededor. Reaccioné cuando mi padre espetó una mala palabra y se fue con el corazón en la garganta. 
Se fue y me tire al piso a llorar, llorar, llorar a gritos, llorar hasta que entendiera que mi vida había cambiado para siempre, saber que él no iba a estar nunca más en mi mundo, que iba a ver un mundo sin él, que no iba a estar el día de mi graduación, que no estaría para aconsejarme en la universidad, que no estaría en mi boda o para hacerlo bisabuelo. 
Nunca sentí tanto dolor y no se va, aún mientras escribo ésta entrada siento ese dolor, lo sigo sintiendo y me duele, me desarma por dentro, jamás saciarán mis lágrimas frente a su muerte.
Recuerdo que no podía respirar, pero lloraba, no tenía ni fuerzas para lastimarme, sólo podía llorar y llorar a gritos. Desperté con mi llanto a mi hermano quien no entendía nada, tampoco pude explicarle porque me estaba muriendo en vida. También recuerdo que cuando me tiré al piso a llorar mis perros me miraron y lloraban junto a mi, jamás lo hicieron y créanme que he llorado en frente de ellos y siempre se limitaron a acurrucarse a mi lado y observarme, pero esta vez lloraban junto a mí. 

Las siguientes horas fueron una pesadilla de nunca acabar. No podía dormir, me quedé junto al cajón de mi abuelo toda la noche. No entendía como hacía unas horas atrás estaba riendo y festejando en la mesa y ni siquiera doce horas después estaba muerto frente a mí. Pero tenía una expresión de paz en su rostro que me tranquilizo por un instante. 
Cuando lo llevamos al cementerio comenzó a llover y entre lluvia y lágrimas me tocó despedirlo para siempre. Ése momento cuando toque el cajón por última vez me derrumbé, caí en cuenta de que se había ido para siempre, que jamás lo volvería a ver. No quería dejarlo ahí.
El regreso a casa fue atroz, quise tirarme del auto pero no me animé. Cuando dormía despertaba feliz por unos segundos porque pensaba que solo era un sueño pero cuando caía en cuentas de que era real quería morir, sólo eso. Y hasta lo intenté, pero no tenía las fuerzas suficientes. 




No cambiaron muchas cosas desde ése día, en mí y en cómo me siento. Sé muy bien que es una de las principales causas de mis bajones, de mi depresión, pero es imposible estar bien luego de eso.
Extraño todo de él, desde su aroma, hasta su mirada, su sonrisa, su bigote, los paseos en su renoleta, las charlas y sus abrazos. 
Es el tipo de persona de la que quisiera hablarle a todo el mundo si realmente quisieran escuchar. 

Me han pasado muchas cosas desde que se fue, mi vida se tornó en una oscuridad de la que aún intento salir. Muchos de los peligros me los busqué y otros no, siento que él me ha salvado y protegido de todos los momentos en los que mi vida corría peligro. Desde robos, asaltos, borrachos, sobredosis, intentos de suicidio, etc. Lo siento cerca, siento que me cuida.

El 24 estaba en casa de mi abuela ayudando con los preparativos de noche buena y mi tía me cuenta que finalmente pudo abrir uno de los cajones de la cómoda de mi abuelo que estaba con llave. En su interior habían varias cosas suyas por supuesto y en una bolsa guardaba dos fotos, una era una fotografía de él junto a mi abuela se lo notaba feliz mientras la miraba; y la otra foto era una mía de mi cumpleaños número tres, llevaba una corona y un vestido verde (jamás había visto esas fotos). 

Creo que la razón por la que tengo este lazo tan fuerte con mi abuelo es porque siempre me vi reflejada en él. Siempre me ha costado mucho identificarme con otros y encontrar personas similares a mí. Pero yo me parecía a él.
No sólo heredé sus ojos claros o el cabello lacio o su nariz. Heredé su personalidad.
Bueno, pero malo. Lleno de historias, pero también de secretos. Sabio, pero rebelde. Curioso, pero pícaro. Con los pies en la tierra, pero la cabeza en las nubes. Lleno de anécdotas, pero también lleno de sueños. Rodeado de amigos, pero al mismo tiempo solo. Fuerte, pero también débil.
Y ahora vivo, pero muerto.

Tuvo un pasado un tanto turbio y nadie supo perdonarlo por sus acciones pasadas. Yo lo conocí luego de su problema de adicciones y nunca quise creer esas terribles historias que se escuchaban por debajo. En su casa mi abuela y mis tíos lo aislaban, varias veces llegó a casa a cenar con nosotros o a tomar mates con mi madre. Esas veces me sentía tan feliz, le encantaban los animales como a mí y siempre jugaba con mis mascotas. Era como un niño curioso en un cuerpo desgastado por los años, pero en su mirada se podía distinguir que nunca perdió eso que lo caracterizaba.


Siempre traté de ocultar mi dolor y creo nadie sabe realmente lo mucho que me afectó su muerte. Recuerdo que los días posteriores de su deceso todos intentaban actuar normal y yo no paraba de llorar a escondidas. Era yo la que consolaba a todos y nadie me consolaba a mí. Es más, hasta cuando el dolor se hacia insoportable y las lágrimas saltaban de mis ojos delante de todos ellos me ignoraban. Y esta bien, que se yo, todos lidiaron con el suceso como pudieron pero creo que yo no lo superaré jamás.  
Ahora sigo llorando a escondidas y maldiciendo su muerte, creo que lo extraño como a nadie. Ahora lo único que espero es tener sueños con él para así poder abrazarlo como solía hacerlo. 


No puedo creer que haya pasado tanto tiempo, cinco años es mucho tiempo. Creí que luego de esa noticia no lograría sobrevivir ni un mes y acá estoy. Me cuesta pero sigo en pie. Sigo gracias a sus recuerdos y para que siga estando vivo al menos en mi memoria, mi "memoria fresca" solía decir.
Ruego a mi Dios poder verlo algún día de nuevo, mejor si ese día está próximo. Y hasta que ese día llegué quisiera ser por lo menos la mitad de la persona que él fue.


Si tienen vivos a sus abuelos quisiera decirles que se acerquen a ellos y que los acompañen, son personas que se sienten muy solas luego de tantos años, enfermedades y amigos que se fueron. No dejen de decirles lo mucho que los quieren porque yo ya no puedo hacerlo.

Si llegaste hasta acá muchas gracias, acabas de conocer mi talón de aquiles, mi sufrimiento más grande y un poquito de la persona más influyente en mi vida.
Gracias por leer.