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sábado, 21 de marzo de 2020

Angustia que conecta

Me duelen las noticias y que el mundo se haya detenido. 
Todos teníamos planes. Algunos quizás los podremos cumplir dentro de poco o quizás más de lo previsto, pero otros nunca podrán hacerlo. 
Y sentís esa cachetada, fuerte y desconcertante. Te quedas petrificado ante lo desconocido. Con miedo, mucho miedo y el corazón roto, rotísimo. Pero esa cachetada te recuerda que el mañana no es una garantía, que el hoy es un regalo y la salud un lujo de pocos.
¿Alguien más siente que se muere de ansiedad? Por momentos trato de hacer de mi día el más normal por diez minutos, hasta que recuerdo que estoy adentro de una película de terror. 
Pero es que lo que me angustia no es mi vida sino la de quiénes me rodean. Y mi mente se convierte una vez más en mi peor enemiga.

Hace una semana estaba con mis amigas en un bar, caminando en calles pobladas incluso de madrugada y bromeando sobre la última salida antes de la  supuesta cuarentena. Con un poco de miedo pero creyéndome superior por aún no haberme enganchado con los enfermos de la paranoia. Y que equivocada estaba...

Hoy tiemblo cuando escucho esa cifra ascender. Hoy las calles están vacías y los hospitales llenos. 
La gente está tan triste como yo y hasta el más valiente tiene miedo. 
Lo único que me consuela un poco es saber que entre todos nos acompañamos, desde lejos y sin un beso, pero compartimos un dolor que nos hace ver un poco más humanos que antes.

Espero que estén bien y que se cuiden mucho.


Nos leemos.



jueves, 1 de agosto de 2019

Crisis existencial número 795611

Escribo porque tengo unos impulsos tremendos de hacerme daño, hace tanto tiempo no sentía esto. Toda la bronca acumulada, las lagrimas tragadas, los gritos silenciados, la impotencia callada.
Cortar, pegar, quemar, sangrar, llorar, cortar, sangrar, seguir, cortar, sangrar, doler, callar, parar.
No importa si pasan meses o años, la adolescente atormentada que fui vuelve a decirme que soy esto. Que seguimos acá, igual que hace diez o más años. En la misma habitación, en el mismo medio, escribiendo de nuevo que me odio, que odio mi realidad, que quiero escapar y no sé como. Escapar de mi. 
Estoy cansada pero no me quiero morir. No quiero ser yo quien termine con todo. Pase tantas tormentas, cosas horribles y no quiero que todo sea en vano. Pero la puta madre cuando va a ser mi momento de sentirme bien? De estar en paz, tranquila con mis decisiones, con mi entorno, con mis sueños cumplidos, con la cabeza sin nubes grises, con una sonrisa gigante, llorando de la risa, siendo amada, EN PAZ.
Estoy muy arrepentida de las decisiones que tomé. Quiero llorar porque imagino que si no hubiera decidido regresar a casa cuando me fui hace 7 años hoy sería una persona madura, fuerte y quizás feliz. Siendo quien siempre quise ser, con una carrera que me llena, con un trabajo que me hiciera feliz. Viviendo sola y sin que me molesten, sin ver tanto a mi viejo que sin querer me hace muy infeliz, sin tener la presencia de mi vieja que se arrastra por un tipo que no la quiere, sin sentirme tan chiquita como mi hermano menor, sin tener a mis perros en las condiciones que me gustaría porque esta no es mi casa. Esto de jugar a la casita feliz, a la "familia perfecta" me está matando. Toda mi vida fue así pero ya no lo soporto más. Y no tengo adonde más ir.
Estoy temblando, mientras me miro al espejo que tengo al frente de mi escritorio con una compostura que asusta. Soy como la casita feliz de mis viejos, una farsa, nadie sabe que me pasa esto. 
Se me parte la cabeza y están todos aún despiertos, no puedo ni llorar. 
Y no puedo parar de pensar en por qué regresé a casa. Regresé porque mi papá se enojó tanto conmigo que no me hablaba y me dolía mucho. Y desde ese día mi vida es un tormento diario. Algo que hablé mucho con la psicóloga era el hecho de que mi viejo ama tenerme en casa y no le importa que tan infeliz sea mientras esté acá. Por eso nunca me pregunta por la universidad, no le interesa que consiga trabajo, me quiere acá. 
Hace un par de semanas mi amiga de toda la vida se fue a vivir sola y yo la fui a acompañar en su primera noche en el departamento. Y mi papá que es amigo de sus padres estaba indignado, "es una desagradecida", ¡cómo se va a ir así, después de todo lo que hicieron sus papás por ella!, "y lo deja al padre así enfermo, como si nada", "pobre .... debe estar destrozado". 
Quiero llorar, me siento como una presa acá. Pero si entiendo que me adora pero es una forma enfermiza de hacerlo. Igual entiendo que es algo de familia y es lo que más me aterroriza. Mis abuelos paternos eran un poco así. 
Mi mamá en cambio es todo lo contrario. Desde muy joven comenzó a viajar, a estudiar, trabajar fuera de su país hasta que se enamoró y se cagó literalmente la vida. Yo siempre traté de aferrarme a esa parte de ella, a la libertad, quería ser como ella, hacer cosas, que me crezcan alas y volar. Pero con cada año que pasa siento que esas alas desaparecieron y ahora estoy en un pozo sin salida. Me siento enterrada, en al oscuridad, sin aire en mis pulmones, con un nudo que me aprieta la garganta.
Ya ni grito porque de todas formas no me escuchan. Siento que también perdieron un poco las esperanzas en mi. Pasé de ser la hija prodigio que solo traía sobresalientes a casa, que estaba en la bandera, mejor conducta, a ser una piba de 25 perdidísima, sin futuro, con depresión y ansiedad porque eso no se va nunca.
Me sigue doliendo mucho la cabeza, ya no tiemblo y me tomé un té. No sé si fue eso o que escribí pero siento que al menos descargue un poco y la garganta se me ablandó un toque.
Me alegra tener al menos este lugar para hablar sobre esto. Ya no tengo amigas con las cuáles hablar de bajones y crisis existenciales. Supongo que porque crecimos o mejoramos, pero igual siempre estos momentos vuelven. Nunca se van, pero las personas sí. 

Nos leemos.

sábado, 5 de enero de 2019

Eneros grises


Creo que para mí este es el peor mes del año. Le tengo miedo y hasta lo odio por un par de razones. Siempre está la ansiedad de empezar un nuevo año cargado de incertidumbre y desafíos que aún no veo. Pero también éste mes hace ocho años fue el peor de todos cuando murió mi abuelo y hace dos, cuando lo hizo mi perro de trece años. 
Y éste también es duro porque mi padre inicia tratamiento contra el cáncer. Por casi un mes me tengo que encargar de mi casa y el negocio de mis padres porque estarán fuera de la ciudad durante ese tiempo. Sin mencionar que mi hermano está enfermo y estuvo internado esta semana, y me aterra que se ponga peor mientras no estén. 
Por ende, otro mes duro.

Todo esto hace que me deprima mucho. Y la gente no lo entiende, ni antes, ni ahora. 
Para todos es un mes de joda, fiestas, vacaciones, salir de noche, juntarse a tomar, bailar, pileta; y yo no puedo. No puedo porque estoy triste y me aíslo. 
Sólo quiero llorar y no moverme de mi cama, pero tengo cosas que hacer y sonrisas falsas que poner y decir frases que ni yo me las creo pero ante todo ¡positiva! (yeah, right).

Así que aunque a todos les gustó mi entrada anterior llena de buena vibra, la vida no es color de rosa. Es gris, al menos la mía, o mis eneros. 


Espero que ustedes si tengan un buen comienzo de año, las quiero mucho.
Nos leemos.





jueves, 4 de octubre de 2018

Hablemos

Cada vez aparezco menos por acá, no sé si es algo bueno o malo.
Estos últimos meses fueron horribles y ya debería estar acostumbrada, pero no. Lo único que me mantiene la mente un poco ocupada es el gimnasio. Por cierto, volví hace dos meses y por ahora bien. Por unas horas me concentro en mí y alivio mi mente. 

Octubre es el mes de mi cumpleaños y aunque antes lo esperaba con ansias, ahora espero olvidarme realmente de eso. Estoy tan sola, o sea realmente ya no tengo amigos. Y todo se puso así justamente desde mi cumpleaños pasado, hace un año. Tuve una discusión con un par de mis amigas y decidí que no las quería tener más en mi vida porque me lastimaron. Y si bien el asunto no era tan grave, las cosas empeoraron cuando se metieron mis otras amigas a opinar y mentir. Me di cuenta de que su amistad era infantil y tóxica. 
También este año empecé a ser más transparente, lo cuál influyó mucho en todo eso. Porque ya no me sale ser cínica y quiero que te des cuenta cuando me haces mal, ya no quiero ocultarlo todo con una sonrisa y hacer de cuenta como que no pasó nada. No, me lastimaste, la cagaste y no todo se soluciona invitándome a salir de fiesta. Somos adultas y aunque hayan sido mis amigas desde el colegio, las cosas cambian y las amistades también. 
De todas formas, las sigo extrañando mucho. Y me afecta mucho ver las fotos con ellas todas reunidas en alguna ocasión. Por momentos me genera bronca cuando tiran alguna indirecta por alguna red social, pero extraño tenerlas en mi vida y hablar.
Si bien no soy una persona que cuenta su vida abiertamente, o sus problemas o nada, a veces cuando algo me afectaba mucho se los contaba. O en algún trago de más también lo hacía, pero hoy no puedo. Y aún tengo a mis compañeros de la facultad, que ya ocupan el título de amigos, pero siento que la relación no es la misma. No me conocen tanto.

Se que anduve muy misteriosa en los últimos posts pero es que me cuesta mucho hablar del tema que tanto me está afectando. Ni siquiera lo he podido hablar en profundidad en terapia porque no quiero llorar y cada vez que pienso en eso, es lo único que me dan ganas de hacer. 
La cuestión es que mi padre está enfermo, tiene cáncer y para mi estos es terrible. Es como mi mayor miedo hecho realidad. Y si bien es algo que es bastante reciente, es decir que recién comienza y no está avanzado, me aterra mucho. Porque todos sabemos lo que pasa cuando alguien tiene esa enfermedad, la gente te da el pésame así sin más. Siempre tuve ese pensamiento negro sobre eso y sé que hay casos en los que la gente logra vencer la enfermedad, pero igual, da mucho miedo. 
Realmente desearía que me pasara a mí y no a él. Cuando era adolescente, y tenía una depresión mayor que la que he tenido últimamente, rogaba que me diera cáncer. Suena tan enfermo porque lo estaba, pero era una fantasía descubrir que lo tenía y no decírselo a nadie e irme así. Pero mi papá no es como yo, él tiene ganas de vivir, tiene tantos sueños y un temor profundo a la muerte. Y todo esto hace que me duela aún más. 
Pero debo seguir fuerte, por él. Porque lo amo y aunque tiene sus falencias, no imagino una vida sin él a mi lado. Y debo confiar por primera vez en mi vida, en que las cosas van a mejorar y que va a estar bien.


Ay, qué difícil hablar de esto. Pero me siento un poco más liviana.
Por otro lado, tengo pensado o más bien decidido, dejar de ir a la psicóloga. Voy desde marzo y de todas las sesiones que tuve, no me gustaron ni la mitad. 
Y en la última por poco no me llama dramática y egocéntrica porque evito el tema de la enfermedad de mi padre para hablar de mis otros mini problemas que aún no logro solucionar. Pero es que aún no puedo hablar de eso por Dios, que no quiero, no me puede obligar a llorar frente a ella. Y es tan dura la hdp, tan fría (obviamente). Realmente creo que disfrutan ver gente miserable todos los días, imagino que se alimentan de eso. 
Muchas veces también me atendió por apenas 15 minutos y me cobró la sesión entera. En definitiva, ya no quiero ir. Y creo que es momento de empezar a poner en práctica lo poco que aprendí sobre mí y vivir, porque también creo que no te deja avanzar mucho ir a terapia. Igual esto último no lo sé, solo es una reflexión que me salió. 
Ustedes que tiene experiencia con malos profesionales, ¿cómo corto con mi psicóloga? porque suena como una ruptura.

Si leyeron todo esto, gracias por leer. Ahora me pasaré por sus blogs porque hace mucho que no lo hago. 

❤

domingo, 25 de marzo de 2018

Desahogándome en palabras

Otro sábado en casa, ya se me están acabando las excusas para evitar invitaciones. Ahora por ejemplo tengo apagado el celular porque me harté de mentir y esquivar a la gente.
Estoy enferma, estoy mal, estoy deprimida y ningún amigo, ninguna risa, ningún trago puede hacerme sentir mejor. Lo peor es que no puedo hablar sobre esto con nadie. Siempre fue así, mi depresión y yo, nadie más. 
Lo que menos quiero hacer es publicar este tipo de entradas pero es mi única forma de escape, de desahogo.



La segunda sesión de terapia fue un poco mejor. Ya no sentí ganas de llorar mientras hablaba, creo que la psicóloga logró comprenderme un poco más, pero los únicos temas que tocamos son la universidad, algo sobre mis padres y cómo era yo en la escuela. 
Quiero tocar los temas fuertes pero no sé como sacarlos sin que ella me pregunte. Por momentos quiero hacer eso, quiero desahogarme del todo, confesar todo y gritarle que me ayude. Pero no me quiero quebrar en el medio del "tuve desordenes alimenticios, me corto, nunca me recupere desde la muerte de mi abuelo, pienso diariamente en suicidarme". ¿Cómo mierda decís eso? 
También me da vergüenza confesar que me odio, que me disgusta mi cuerpo, que no puedo entablar una relación con nadie porque no me siento digna ni de ser mirada por alguien que me gusta. 
Me da vergüenza porque la gente no me ve así, solo yo me veo así y me cuesta explicar el por qué no me quiero cuando ni siquiera yo lo se.

Que difícil es todo cuando tu peor enemiga sos vos misma. 
Siento que con cada día que pasa rompo algo nuevo. Cada día pierdo un amigo, me peleo con un familiar, borro una red social o bloqueo a una persona. Es como si otra persona entrara en mi cuerpo y decidiera arruinar mi vida por diversión. Como en los dibujitos, siento que entra un bichito en mi cerebro y comienza a apretar botones sin saber el daño que me puede causar.
Perdí el control de mi vida, no es la primera vez pero cada vez me cuesta más recuperarme.

Espero que tengan un buen fin de semana.
Nos leemos.




martes, 30 de mayo de 2017

Se apaga la luz, se apaga esa que una vez fui

Me fui apagando.
Cuando era joven me sentía invencible, que era capaz de todo y era luz.
Ahora me apago con cada día que pasa, me siento inútil, hundida entre cenizas.
Mi sonrisa se borró, hasta el color de mi cabello cambió.
Y aunque antes no me sentía feliz, al menos pretendía serlo.
Hoy me estoy dando por vencida, estoy dejando que la vida me gane y no me defiendo. Estoy derrotada, deshecha y sin fuerzas.
Ya no me siento una reina, me siento un trapo.
Hoy quiero dejar para siempre mis sueños, quiero tomarme un respiro eterno y dejar que mis días corran por un tiempo más, hasta lograr juntar el valor necesario para eso que mi parte oscura quiere hacer desde hace tanto tiempo.
Me estoy dejando ganar y no se como salir bien de esto.




Prometo pasarme por sus blogs el miércoles, lo juro. Perdón por desaparecer siempre. Realmente los extraño, quiero saber de ustedes. 

Nos leemos.