No sabía que se podía tener bloqueo de escritor, pero de la vida.
Cuando te encontrás estancado en una rutina nauseabunda que no te deja avanzar porque no podes, porque no querés, porque no sabés qué hacer, o porque te da miedo lo que sigue y cómo puede terminar.
Aveces cuesta vivir porque no es tan fácil como respirar, aunque así debería serlo. Nosotros la complicamos, siempre queremos más hasta cuando sabemos que no podemos. Y nos agobiamos por nadar en mediocridad, nos quejamos de nuestras miserias y quedamos sumergidos en angustia y dolor.
Lo peor es que el sentimiento de culpa te mata. Te mata no saber qué hacer para sobrevivir en un mundo que te pertenece. Un mundo que construis a diario con tus acciones. Un mundo tuyo y de nadie más.
Que difícil es vivir sintiéndote inferior a todos y a todo. Vivir con miedo a lo desconocido y a lo que conoces también. No aprendes, no avanzas, no creces. Te estancas y te morís. Pero sin darte cuenta.
Acabo de despertar de una siesta forzada, de esas que tomo para cerrar sesión en mi cerebro por unas horas y dejar de escuchar esa voz que tanto odio. Me levanté luego de chequear mi teléfono sin notificaciones, aún más cansada que antes.
Me vestí por segunda vez en el día. Recogí mi brillante cabello recién salido de la peluquería pero que nadie ha podido apreciar entre las paredes de mi habitación. Lavé mi rostro lastimado después de demasiadas exfoliaciones para un día.
Y ahí lo vi.
Vi los ojos más tristes del mundo, los míos.
Cansados de despertar, cansados de mirar nada nuevo, cansados de ver tristeza.
Tengo miedo, no tengo a nadie en mi vida, me alejé de todos. No sé por qué estoy como estoy, tan perdida, tan aislada, tan temerosa, tan débil, tan sola.
Todo esta mal. Me las ingenié maravillosamente bien para echar a perder mi vida en el transcurso de un año, o quizás más. Vengo jodida desde hace tiempo pero al menos me esforzaba por estar bien, hoy no. Hoy no estoy bien y ni siquiera trato de ocultarlo. No tengo fuerzas para salir de esta, no tengo a nadie, ni a mí misma porque me siento muy débil.
Otro sábado en casa, ya se me están acabando las excusas para evitar invitaciones. Ahora por ejemplo tengo apagado el celular porque me harté de mentir y esquivar a la gente.
Estoy enferma, estoy mal, estoy deprimida y ningún amigo, ninguna risa, ningún trago puede hacerme sentir mejor. Lo peor es que no puedo hablar sobre esto con nadie. Siempre fue así, mi depresión y yo, nadie más.
Lo que menos quiero hacer es publicar este tipo de entradas pero es mi única forma de escape, de desahogo.
La segunda sesión de terapia fue un poco mejor. Ya no sentí ganas de llorar mientras hablaba, creo que la psicóloga logró comprenderme un poco más, pero los únicos temas que tocamos son la universidad, algo sobre mis padres y cómo era yo en la escuela.
Quiero tocar los temas fuertes pero no sé como sacarlos sin que ella me pregunte. Por momentos quiero hacer eso, quiero desahogarme del todo, confesar todo y gritarle que me ayude. Pero no me quiero quebrar en el medio del "tuve desordenes alimenticios, me corto, nunca me recupere desde la muerte de mi abuelo, pienso diariamente en suicidarme". ¿Cómo mierda decís eso?
También me da vergüenza confesar que me odio, que me disgusta mi cuerpo, que no puedo entablar una relación con nadie porque no me siento digna ni de ser mirada por alguien que me gusta.
Me da vergüenza porque la gente no me ve así, solo yo me veo así y me cuesta explicar el por qué no me quiero cuando ni siquiera yo lo se.
Que difícil es todo cuando tu peor enemiga sos vos misma.
Siento que con cada día que pasa rompo algo nuevo. Cada día pierdo un amigo, me peleo con un familiar, borro una red social o bloqueo a una persona. Es como si otra persona entrara en mi cuerpo y decidiera arruinar mi vida por diversión. Como en los dibujitos, siento que entra un bichito en mi cerebro y comienza a apretar botones sin saber el daño que me puede causar.
Perdí el control de mi vida, no es la primera vez pero cada vez me cuesta más recuperarme.
Ojos cansados de soportar la luz que entra por la ventana,
amanece muy temprano cuando no queres estar.
Las horas pasan lentamente, pero el sol se esconde muy rápido,
la noche amenaza otra vez con hacerme llorar.
Estoy sola cuando no quiero estarlo,
llamo a mi amiga y me dice que debería rendirme.
Me duele, pero no me sorprende,
muchos lo piensan pero nadie lo dice.
Soy la prueba del milagro.
Soy agonía por dentro y sonrisa por fuera.
Soy el "matame" por dentro y el "gracias" por fuera.
Soy tinieblas cuando me dejas sola y pura luz cuando te dejo entrar.
Hazel
Mi entrada de ayer fue demasiado rara, la edite dos veces y termine optando por borrar todo lo que escribí. Era sobre una amiga a la que le importé muy poco, fuimos amigas durante quince años o más y este último tiempo se canso de forrearme y lastimarme hasta que me harté. Me alejé y no volvió a hablarme. Estos meses me di cuenta de que tenía muchas amigas como esa, otra que también consideraba como mi mejor amiga me hirió y me alejé, no me hablo más.
Y en este poema hablo de otra, es increíble. Ayer le comenté a mi amiga recibida hace poco de psicóloga que estoy bastante deprimida y otros detalles, y me dijo que si seguía así me iba a terminar matando. Así, de una, me lo dijo sin asco. Nunca un consejo, o algo para motivarme, una palabra de aliento, nada. Y yo me quede incontables noches despierta respondiendole cuando ella se sentía mal, cuando veía sombras que le decían cosas, yo estaba ahí al otro lado del teléfono calmando su llanto. No se por qué elijo amistades a las que no les importo, no se por qué todo me tiene que afectar tanto, ni por qué sigo confiando y queriendo a quien me lastima.
¿Acaso todos somos un poco mierda? ¿Egoístas? O sea, yo se que sí, pero mínimo fingir un poco de empatía por un amigo. No sé.
Me levanto cada mañana con la esperanza de que será mejor y con el miedo de que no.
Desayuno el café mas negro que te puedas imaginar, rogando que me de las energías suficientes como para no regresar a la cama.
La música me calma y me invita a mirar los días de un modo menos trágico.
Cierro y aparto los libros, los alejo de mi vista y hago de cuenta que no están ahí. Hoy no, me digo. Tampoco mañana, no quiero lidiar con esto.
El ocio me abruma pero no quiero salir de casa. No quiero responder mensajes. No quiero ver a nadie.
Llega el mediodía y no quiero comer, pero lo hago de todos modos para engañar el estómago y a mi misma.
Si tomo una siesta quizás mi cabeza deje de hacer un ruido un rato. No, mejor no. Tampoco quiero ejercitar. Prefiero ver una película de cualquier cosa. ¿O quizás salir de casa?
Las horas pasaron y estoy sola de nuevo.
Hoy vi a mis amigos y estaba ausente en mi propio cuerpo. Sonreí un par de veces cuando sus miradas mostraban asombro y desconcierto por mi comportamiento. Sobreviví.
Es hora de una ducha larga para matar las horas de la noche y luego un té que me calentará el alma, mejor que un abrazo que no tendré.
Apago el celular porque no quiero responder ni saber de nadie.
Ella era insegura pero en ocasiones poseía una confianza intimidante. Y todos confiaban en ella.
Creía en la falsedad que transmitía y tenía al mundo entero a sus pies con tan solo poner una sonrisa en sus labios.
Era peligrosa porque con su entrenada mirada avellana podía convencerte de hacer hasta lo que no querías, solo para poder apreciar de cerca su dulce rostro una vez más.
Ella era una serpiente, una alimaña que hacía muy bien su trabajo. Tenía una increíble habilidad para llevar sus presas directo hasta su cueva entre las tinieblas, sin levantar sospechas.
Sin embargo, ella nunca logró enamorarse de nadie. Éso era algo inimaginable en su mundo de fantasías.
Hasta que un día conoció a una bestia tan terrible y agraciado como ella.
Él logró escapar de sus garras a tiempo y resultó ileso. Pero ésto sólo debilitó a aquella cruel mujer.
La dejó sin armas y casi sin fuerzas. Pero, peor aún, él se llevó su corazón.
Desde ese día su poder de encanto se desvaneció por completo y quedó sola, al acecho de nadie.
Ella solía pasar noches enteras esperando a que el hombre bestia con asombroso aspecto regresara y le devolviera lo que le arrebató hacía tiempo.
Deambulaba por las sombras sin ser vista por nadie, con la esperanza de verlo una vez más.
Pero él jamás apareció. Se marchó sin darle ni un beso ni un adiós.
Después de todo aquella bestia que tanto daño causó antes, no merecía su amor.
Ella sé quedó por siempre sola y sin corazón.
Y ése fue su fin.
Madrugada rara.
Cambié mi url por razones propias de mi paranoia, claramente. Espero que no les moleste.
No sé si estaba todo estaba esperando a desmoronarse o qué, pero en cuanto publiqué la anterior entrada todo fue cuesta abajo.
Siempre encuentro la manera para boicotearme todo el esfuerzo y en un abrir y cerrar de ojos me encuentro tirada en el suelo, con el rostro cubierto de lágrimas. Sin poder hacer nada, sin fuerzas para detener mis pensamientos que me aniquilan con cada segundo que corre.
No importa lo bien que haga las cosas, creo que la depresión es parte de mi esencia, es una parte de mí de la que nunca podré escapar. Por más de que intente llevar una vida de lo más normal posible, no hay nada de normal conmigo. Y es algo que me cuesta muchísimo aceptar, porque me muero de ganas por hacer las mismas cosas que las personas de a mi alrededor hacen sin esfuerzo. Quiero sentir como los normales, quiero pensar como ellos y comportarme igual que ellos.
Pero cuesta saber que nunca podré hacer determinadas cosas, al menos sé que siempre estarán esos días desgarradores de los que me es imposible zafar.
¿Se puede vivir así? Quizás sí, pero también se puede morir así.
Este es un día muy malo, pésimo y duele aún más saber que no tengo a nadie para sostenerme. Nunca hay nadie pero creo que con el pasar de los años cada vez me siento aún más sola. Creo que porque imagino que mis días serán por siempre así. Y de todas formas si tuviera alguien, sé que ni aún así podría ser feliz.
El otro día imaginaba que si alguna vez tengo un hijo, sólo le haría mal. Imaginaba que sería pálido y enfermo porque no lo sacaría afuera ni al sol, por más de que fuera necesario. No podría ser capaz de llevarlo a una plaza porque me incomodan ese tipo de situaciones y sé que sería extremadamente sobreprotectora. Terminaría odiandome por no ser como las otras madres normales. Sin mencionar el terrible daño que sufriría si me viera depresiva y postrada a una cama todos los días de su vida. No puedo cuidar de mi misma, mucho menos de otro humano.
Y lo peor de todo es que si quiero ser madre algún día.
Siempre me niego al hecho porque también me aterrorriza los efectos que dejara en mi cuerpo. Creo que a toda persona que ha padecido de un trastorno alimenticio durante ya varios años piensa lo mismo, y no lo digo tanto por el lado estetico sino por lo psicologico, definitivamente me afectaria.
Algo que note tambien hoy, es que tengo demasiados miedos. Los que hoy me sonaron fuerte son el miedo al rechazo y al fracaso. Porque sí, me averguenza decirlo pero otra vez me arrepentí de rendir un examen por miedo al fracaso. Cualquier persona normal va y si le va bien, bien, y sino, bueno, lo intenta la próxima vez. Pero para mi no es así. Tengo una especide borderline y cualquier situación negativa que ocurre en mi vida es el fin del mundo, el fin de mi mundo.
Desde reirme en un momento inoportuno, hasta caer delante de alguien o desaprobar un bendito examen. Cualquier cosa que me haga sentir mal me descontrola y solo quiero lastimarme.
Peor aún es el hecho de que sufro en silencio, nunca hago escandalos solo cuando estoy sola, nunca dejo que nadie me vea en ese estado. En ningun estado, tampoco depresiva, salvo por mi familia porque convivo con ellos.
Son mis secretos mejor guardados.
Y el miedo al rechazo se ve reflejado en mis relaciones, eso está más que claro. Por eso nunca tuve una relación formal con alguien. Solo me limite a tener "algo" con unos cuantos, que no significaron absolutamente nada para mí. Pero los que realmente me gustaban y moría por tener algo, solo los rechacé. Por miedos. Por miedo al rechazo, porque nunca tuve el autoestima necesaria para verme con ninguno de ellos.
Nunca lo analicé con nadie, pero creo que tiene que ver con mis dramas de la infancia y el "abandono" que sufrí de parte de mis padres. O quizás fue la traumatica muerte del noviesito que tuve a los cinco años. Nunca lo sabré, pero creo que la infancia me arruino un poco.
No sé por que se hizo tan larga esta entrada, solo pretendía subir un video. Supongo que tenía que sacarlo de mi cabeza.
Acá va el video. Lo vi hace unos años y hoy volvió a aparecer en mi inicio de Facebook y quise compartirlo en un lugar sin ser juzgada.
Gracias por leer. Espero que todos esten bien.
PD: Les pido perdón a ustedes y a mi misma por no poder continuar con mi fantastico estado anímico de la entrada anterior. Supongo que nada se supera.
¿Viste cuando queres hablar con alguien y no tenes a nadie? La soledad es real, la depresión me ha quitado todo. Juro que no quería que sucediera, no quiero que las cosas sigan de esta forma o empeoren, pero nadie entiende. Nadie está, todos se van.
Ni siquiera en casa quiero estar, llevo una semana disgustada con mis padres, con ambos, por una discusión. Creo que ellos creen que sigo enojada con ellos, pero solo estoy triste con mi vida.
Hoy fui a clases, con todo lo que me cuesta levantarme, bañarme, estudiar, cambiarme, maquillarme, peinarme, dirigirme hacia la universidad; y no tuve clases porque la profesora no fue. Con todo ese esfuerzo no quería volver a casa, quería quedarme dando vueltas con alguien, rogar esperar cruzarmelo y que me vea y verlo, solo para luego martirizarme todo el fin de semana por ser una estúpida y no haber cambiado las cosas cuando realmente podía hacerlo. O quizás quería estar con mis amigos de la universidad, reírme un poco, para poder evitar la solitaria vuelta a casa seguida de encerrarme todo el fin de semana a llorar y ver películas sola.
Llevaba seis meses sin cortarme, hasta estaba tratando de borrar mis viejas cicatrices con una crema y así poder lucir piernas normales el siguiente verano. ¡Pobre ilusa! Diez cortes, profundos y perfectitos. Sólo tomo un llanto por algo que no recuerdo exactamente, pero pasó. Me perdí de nuevo.
En la universidad me esta yendo pésimo. No puedo estudiar, no me concentro. Mi mente no para de querer asesinarme. No puedo más.
Si quiero pedir ayuda pero no puedo. Ya no es porque no estoy lista, si lo estoy, estoy lista y al límite de todo. Pero no puedo. No quiero hacerlo sola y no tengo a nadie. No tengo absolutamente a nadie en quien confiar, en quien abrirme, contarle toda mi historia sin sentirme juzgada o avergonzada.
Mis padres lo ignoran y las veces que hable de ir a terapia solo esperaban hasta que yo dejara de proponerlo. Las enfermedades mentales es un tabú en casa.
Mis amigas no lo entenderían. Se que no.
Solo me tengo a mí. Y no tengo fuerzas, ni dinero para hacerlo por mi cuenta al menos.