sábado, 2 de enero de 2016

Mi persona favorita, mi abuelito


Un día como hoy pero hace cinco años atrás mi corazón se partió en mil pedazos y mi alma se desgarró de dolor.
Un día como hoy pero hace cinco años recibí una llamada que me cambió la vida para siempre y para mal.
Un día como hoy pero hace cinco años atrás lloré cómo nunca antes y sentí que me moría. Definitivamente ese día una parte de mi se fue con él.
Un día como hoy pero hace cinco años atrás el tiempo se detuvo mientras el cielo lloraba junto a mí.
Un día como hoy pero hace cinco años atrás perdí a la persona más importante de mi vida, perdí a mi abuelo.




Hay personas que vienen a este mundo para enseñarte cosas, otras para darte amor incondicional, otras para acompañarte en esto que se llama vida; mi abuelo me brindo todo esto y más. 
Aún me cuesta mucho creer que ya no esté entre nosotros. Cada vez que voy a su casa lo busco inconscientemente y cada rincón de ese lugar me trae recuerdos de él. 
¡Es que lo quise tanto! Era una persona tan especial, tan perfecta. 
Era fuerte e invencible, imposible de creer que la muerte le haya ganado.


Los pocos recuerdos de mi infancia me llevan a su rostro. Me crié y viví en la casa de mis abuelos. Luego cuando me mudé con mis padres lo hice a una casa que queda a sólo tres bloques de la suya. Lo vi casi todos los días durante dieciséis años de mi vida. 

A diferencia de otros niños, yo disfrute desde siempre de su compañía. Aunque debo admitir que a veces me aburría de ver Bonanza, pero ahora daría lo que fuera por ver un episodio de su serie favorita junto a él. Mientras me contaba historias de antes, mientras se cebaba unos mates llenos de sabor, mientras me enseñaba sobre la vida y me recitaba versos, algunos inventados, otros suyos.
Hoy me odio porque creí que lo tendría para siempre para recitarlos, esos versos se fueron con él.

Pero nada me duele más que no haberme despedido de él esa maldita noche. Pero es que creía que lo tendría por siempre, tan fuerte, tan invencible y tan ciegamente débil y anciano a la vista de todos.

Aunque me lo dijo unos días antes, él lo presentía o lo sabía. ¡Era tan exorbitantemente sabio! O quizás era por los inimaginables dolores que sentía pero que jamás dejaba a la vista.
La tarde del 31 de diciembre de 2010, dos días antes de su deceso, me dijo que ése sería su último años y que en el 2011 iba a dejar de existir. 
Me lo dijo mientras le preguntaba acerca de como veía el año próximo, y así lo veía él.
No se suicidó ni nada parecido. Tenía problemas al corazón. Sabíamos algunas cosas y ocultaba muchas otras, otra de las actitudes que adopté de él.



 La noche en la que no me despedí de él, estábamos festejando el comienzo del nuevo año en una localidad alejada de la ciudad en la que vivimos; en la casa de verano de mi tía. Es una tradición que seguimos hasta éstos días.
Fue un día lleno de risas, charlas, juegos, brindis, un típico día familiar. Pero lo noté raro.
Recuerdo que era sábado y como el siguiente día era no laboral varios de mis familiares decidieron quedarse a pasar la noche allí al igual que él. Con mis padres habíamos acordado que mi madre, mi hermano y yo nos quedaríamos ahí y que mi padre regresaría a la ciudad a alimentar a mis perros que habían quedado solos ése día. Hasta el día de hoy no entiendo bien que pasó, pero mis hormonas adolescentes o quizás un frío presentimiento me obligó a llorar y que luego nos haría regresar ésa misma noche. 
Imposible de olvidar que mientras yo estaba llorando arriba de la cucheta en una de las habitaciones, mi abuelo entró a la habitación a dejar un par de cosas. Recuerdo haberme dado vuelta a espiar quién era, aunque sus pasos y su algo encorvada espalda ya lo habían delatado. Respetó mi espacio como siempre lo hizo y se marchó.
Luego yo salí afuera y pase unos minutos enojada, enojadísima con todos. Salí con una campera porque estaba freso y mi abuelo me puso la capucha molestándome. 
Y eso fue todo. Cuando me fui, me limite a saludar con la mano a todos y justo ESE día evite el abrazo que le daba siempre antes de irme. 
Si tan solo supiera que esos serían mis últimos momentos junto a él,si lo hubiera sabido, si me lo llevaba y si había un hospital cerca...

Llegué a casa cerca de la medianoche, me acosté y tres horas después el teléfono sonó. Se había descompuesto y pedían una ambulancia que jamás llegó. 
Mi madre se cambió y se dirigió a uno de los centros de salud cerca de casa porque lo traían de urgencia. Llegó casi sin aliento, agonizando, mi madre le puso el oxigeno, fue llevado a reanimación y no salió nunca más. Era domingo, fin de semana luego de año nuevo, habían médicos residentes y era de madrugada.
Dijeron que le dio un paro cardíaco y luego otro que terminó de quitarle el aliento definitivamente. 

Creo que me enteré a las nueve de la mañana, casi diez. El teléfono sonó nuevamente, solo que esta vez atendí yo. Nunca tuve tanto miedo al levantar el tubo. Era mi tío se lo escuchaba agitado y de fondo se escuchaba el llanto ensordecedor de mi propia madre. No hacía falta que me diga nada, ya lo sabía y lo sentía entre mis entrañas descomponiéndose con cada segundo que pasaba; pidió hablar con mi padre, me quedé en silencio y el teléfono simplemente se cayó de mi mano. No sentía mi cuerpo, no sentía sonidos, no veía que pasaba a mi alrededor. Reaccioné cuando mi padre espetó una mala palabra y se fue con el corazón en la garganta. 
Se fue y me tire al piso a llorar, llorar, llorar a gritos, llorar hasta que entendiera que mi vida había cambiado para siempre, saber que él no iba a estar nunca más en mi mundo, que iba a ver un mundo sin él, que no iba a estar el día de mi graduación, que no estaría para aconsejarme en la universidad, que no estaría en mi boda o para hacerlo bisabuelo. 
Nunca sentí tanto dolor y no se va, aún mientras escribo ésta entrada siento ese dolor, lo sigo sintiendo y me duele, me desarma por dentro, jamás saciarán mis lágrimas frente a su muerte.
Recuerdo que no podía respirar, pero lloraba, no tenía ni fuerzas para lastimarme, sólo podía llorar y llorar a gritos. Desperté con mi llanto a mi hermano quien no entendía nada, tampoco pude explicarle porque me estaba muriendo en vida. También recuerdo que cuando me tiré al piso a llorar mis perros me miraron y lloraban junto a mi, jamás lo hicieron y créanme que he llorado en frente de ellos y siempre se limitaron a acurrucarse a mi lado y observarme, pero esta vez lloraban junto a mí. 

Las siguientes horas fueron una pesadilla de nunca acabar. No podía dormir, me quedé junto al cajón de mi abuelo toda la noche. No entendía como hacía unas horas atrás estaba riendo y festejando en la mesa y ni siquiera doce horas después estaba muerto frente a mí. Pero tenía una expresión de paz en su rostro que me tranquilizo por un instante. 
Cuando lo llevamos al cementerio comenzó a llover y entre lluvia y lágrimas me tocó despedirlo para siempre. Ése momento cuando toque el cajón por última vez me derrumbé, caí en cuenta de que se había ido para siempre, que jamás lo volvería a ver. No quería dejarlo ahí.
El regreso a casa fue atroz, quise tirarme del auto pero no me animé. Cuando dormía despertaba feliz por unos segundos porque pensaba que solo era un sueño pero cuando caía en cuentas de que era real quería morir, sólo eso. Y hasta lo intenté, pero no tenía las fuerzas suficientes. 




No cambiaron muchas cosas desde ése día, en mí y en cómo me siento. Sé muy bien que es una de las principales causas de mis bajones, de mi depresión, pero es imposible estar bien luego de eso.
Extraño todo de él, desde su aroma, hasta su mirada, su sonrisa, su bigote, los paseos en su renoleta, las charlas y sus abrazos. 
Es el tipo de persona de la que quisiera hablarle a todo el mundo si realmente quisieran escuchar. 

Me han pasado muchas cosas desde que se fue, mi vida se tornó en una oscuridad de la que aún intento salir. Muchos de los peligros me los busqué y otros no, siento que él me ha salvado y protegido de todos los momentos en los que mi vida corría peligro. Desde robos, asaltos, borrachos, sobredosis, intentos de suicidio, etc. Lo siento cerca, siento que me cuida.

El 24 estaba en casa de mi abuela ayudando con los preparativos de noche buena y mi tía me cuenta que finalmente pudo abrir uno de los cajones de la cómoda de mi abuelo que estaba con llave. En su interior habían varias cosas suyas por supuesto y en una bolsa guardaba dos fotos, una era una fotografía de él junto a mi abuela se lo notaba feliz mientras la miraba; y la otra foto era una mía de mi cumpleaños número tres, llevaba una corona y un vestido verde (jamás había visto esas fotos). 

Creo que la razón por la que tengo este lazo tan fuerte con mi abuelo es porque siempre me vi reflejada en él. Siempre me ha costado mucho identificarme con otros y encontrar personas similares a mí. Pero yo me parecía a él.
No sólo heredé sus ojos claros o el cabello lacio o su nariz. Heredé su personalidad.
Bueno, pero malo. Lleno de historias, pero también de secretos. Sabio, pero rebelde. Curioso, pero pícaro. Con los pies en la tierra, pero la cabeza en las nubes. Lleno de anécdotas, pero también lleno de sueños. Rodeado de amigos, pero al mismo tiempo solo. Fuerte, pero también débil.
Y ahora vivo, pero muerto.

Tuvo un pasado un tanto turbio y nadie supo perdonarlo por sus acciones pasadas. Yo lo conocí luego de su problema de adicciones y nunca quise creer esas terribles historias que se escuchaban por debajo. En su casa mi abuela y mis tíos lo aislaban, varias veces llegó a casa a cenar con nosotros o a tomar mates con mi madre. Esas veces me sentía tan feliz, le encantaban los animales como a mí y siempre jugaba con mis mascotas. Era como un niño curioso en un cuerpo desgastado por los años, pero en su mirada se podía distinguir que nunca perdió eso que lo caracterizaba.


Siempre traté de ocultar mi dolor y creo nadie sabe realmente lo mucho que me afectó su muerte. Recuerdo que los días posteriores de su deceso todos intentaban actuar normal y yo no paraba de llorar a escondidas. Era yo la que consolaba a todos y nadie me consolaba a mí. Es más, hasta cuando el dolor se hacia insoportable y las lágrimas saltaban de mis ojos delante de todos ellos me ignoraban. Y esta bien, que se yo, todos lidiaron con el suceso como pudieron pero creo que yo no lo superaré jamás.  
Ahora sigo llorando a escondidas y maldiciendo su muerte, creo que lo extraño como a nadie. Ahora lo único que espero es tener sueños con él para así poder abrazarlo como solía hacerlo. 


No puedo creer que haya pasado tanto tiempo, cinco años es mucho tiempo. Creí que luego de esa noticia no lograría sobrevivir ni un mes y acá estoy. Me cuesta pero sigo en pie. Sigo gracias a sus recuerdos y para que siga estando vivo al menos en mi memoria, mi "memoria fresca" solía decir.
Ruego a mi Dios poder verlo algún día de nuevo, mejor si ese día está próximo. Y hasta que ese día llegué quisiera ser por lo menos la mitad de la persona que él fue.


Si tienen vivos a sus abuelos quisiera decirles que se acerquen a ellos y que los acompañen, son personas que se sienten muy solas luego de tantos años, enfermedades y amigos que se fueron. No dejen de decirles lo mucho que los quieren porque yo ya no puedo hacerlo.

Si llegaste hasta acá muchas gracias, acabas de conocer mi talón de aquiles, mi sufrimiento más grande y un poquito de la persona más influyente en mi vida.
Gracias por leer.


2 comentarios:

  1. Se que es mucho pedir, pero no te vayas de este mundo. Todos los días lucho contra mi misma para pensar que hay algo por lo que continuar, que una vez te vas no vuelves y que me gustaría vivir en el futuro.
    Si estas todavia aqui es porque eres MUYYYY fuerte aunque no lo creas.

    Mi comentario no te cambiara la vida pero espero que la mejore un poquito al decirte que no estas sola. Nunca lo estamos, incluso en esos momentos en los que segundos faltan para acabar con nuestras vidas, incluso en eso, no estamos solas.
    Todos los dias intento buscar la excusa para seguir. Una sonrisa, la lluvia, un comentario, un libro, una pelicula, algo nuevo que aprender...
    Espero saber mas de ti. Un gran abrazo. :)

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    1. Muchas gracias P, tu comentario me hizo sentir un poco mejor luego de días terribles. Y lamento que vos también te sientas mal y quieras acabar con todo porque es horrible esa sensación de desesperanza. Me alegra que siempre busques el mañana, a veces no queda otra que hacer eso.
      Te deseo un lindo fin de semana, besos.

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