domingo, 12 de abril de 2020

Pausa

Un mes de confinamiento obligatorio no son nada cuando la depresión es una vieja amiga tuya. Estoy acostumbrada desde siempre a ser la princesa encerrada en la torre. Y es muy normal en mí esfumarme de la vida de todos y pausar entre cuatro paredes de vez en cuando. 
Por ende, después de que la ansiedad que manifesté en la entrada anterior desapareció, me encontré en mi elemento. Aunque no considero que le esté sacando provecho como todos aquellos que se creen super motivados y ejercitan a diario en sus casas, o que de repente son excesivamente productivos y te hacen sentir como una vaga, desequilibrada, patética por querer dormir la siesta. Aunque si creo que aunque nunca estoy preparada mentalmente para nada, para esto quizás sí. 
De todas formas no me dura siempre, también tengo mis momentos de pánico cuando pienso en los planes que tenía. También en lo que vendrá después, mierda, eso si me desestabiliza un montón. Las personas que tienden a aislarse y tienen ansiedad saben lo aterrador de poner nuevamente un pie en la calle. Tu cabeza va a mil, pensas hasta en lo que piensa ese desconocido que ni siquiera te está mirando. ¿Y ahora que estamos en un escenario casi apocalíptico? Va a ser la fucking muerte. Pero aún falta, ya habrá tiempo de entrar en pánico.

Espero que ustedes y los suyos estén bien.
Nos leemos.

sábado, 21 de marzo de 2020

Angustia que conecta

Me duelen las noticias y que el mundo se haya detenido. 
Todos teníamos planes. Algunos quizás los podremos cumplir dentro de poco o quizás más de lo previsto, pero otros nunca podrán hacerlo. 
Y sentís esa cachetada, fuerte y desconcertante. Te quedas petrificado ante lo desconocido. Con miedo, mucho miedo y el corazón roto, rotísimo. Pero esa cachetada te recuerda que el mañana no es una garantía, que el hoy es un regalo y la salud un lujo de pocos.
¿Alguien más siente que se muere de ansiedad? Por momentos trato de hacer de mi día el más normal por diez minutos, hasta que recuerdo que estoy adentro de una película de terror. 
Pero es que lo que me angustia no es mi vida sino la de quiénes me rodean. Y mi mente se convierte una vez más en mi peor enemiga.

Hace una semana estaba con mis amigas en un bar, caminando en calles pobladas incluso de madrugada y bromeando sobre la última salida antes de la  supuesta cuarentena. Con un poco de miedo pero creyéndome superior por aún no haberme enganchado con los enfermos de la paranoia. Y que equivocada estaba...

Hoy tiemblo cuando escucho esa cifra ascender. Hoy las calles están vacías y los hospitales llenos. 
La gente está tan triste como yo y hasta el más valiente tiene miedo. 
Lo único que me consuela un poco es saber que entre todos nos acompañamos, desde lejos y sin un beso, pero compartimos un dolor que nos hace ver un poco más humanos que antes.

Espero que estén bien y que se cuiden mucho.


Nos leemos.



martes, 3 de marzo de 2020

El mal querer

Rehuyo el espejo por su honestidad.
Camino rápido y lejos de las ventanas.
Finjo no escuchar cuando me duele.
Sonrío mientras trago porque me quiero.

Pero en realidad no me quiero.
Y me cuesta entender tus ojos llenos de pasión al verme.
Cuando por mí solo siento repulsión y enojo.
Lloro y me alejo.

Porque estoy rota de nuevo.
Porque pierdo otra oportunidad.
Porque nos voy a lastimar.

Porque no sé querer.
Ni a vos, ni a él, ni a mi misma.



Nos leemos.




PD: Vean Spinning out en Netflix.