sábado, 7 de septiembre de 2019

h311

Hola, volví del infierno.
Después de escribir la última entrada, le siguieron tres días en los que no me moví de mi habitación. Sólo lloraba, dormía y cuando me despertaba me largaba a llorar nuevamente. Casi no tomé agua, no comí y apenas me levanté para ir al baño un par de veces. No prendí las luces de mi habitación, ni me bañé. O sea así por tres días.
Esto no me pasa desde hace años, literalmente. El último bajón depresivo que tuve este año fue en abril pero había visitas en casa, entonces trataba de levantarme a comer, etc. 
Y recuerdo que a los 16 me pasó cuando murió mi abuelo y estaba en plena etapa de anorexica profesional que tuve los peores bajones de mi vida. Bueno, mis pensamientos hace una semana se asemejaron a los de esa época.
Me asusté muchísimo. Pensé que ya había superado toda esa etapa oscura, negra. Que ahora estaba en un lugar en el que me podía sentir a salvo de mi misma, pero veo que no. 
Fue muy fuerte lo que me pasó y no quiero volver ahí.
Lo peor es que esos sentimientos de autodestrucción se sintieron como mi hogar y la cama no me dejaba ir. Logré salir de ese estado porque tenía que volver a clases y no podía permitirme faltar. Pero tengo miedo otra vez. 
Y mis padres actuaban como si no pasara nada. ¿Es normal que una adulta de 24 años se encierre en su habitación por tres días seguidos, en la oscuridad, llorando y diciendo que no quiere ver a nadie? Para mis padres si. No emitieron palabras al respecto. Y tampoco yo, porque veo que no lo entienden o no les importa demasiado. O ya se dieron por vencidos conmigo.
Yo no me quiero dar por vencida aún, pero los demonios casi me llevan hace una semana. 
Esta semana fue como la primera después del huracán y no me puedo quejar porque me salieron las cosas como yo quería. Los caminos se me abrieron como las puertas de algún palacio, era como que me daban la bienvenida otra vez y las personas fueron muy amables conmigo. Y de alguna forma entendí que si merezco seguir.
Pero la voz volvió y esa mirada en el espejo que no deja de juzgar. No sé cuanto más tendré que caminar hasta caer de nuevo. No tengo fuerzas, pero tengo un poco de esperanza puesta en mí.

Nos leemos.

sábado, 31 de agosto de 2019

Llorar, fracasar, llorar

Es el último día de Agosto y me lo pasé con resaca y sin poder dejar de llorar.
Por lo mismo de siempre, por mí, por el ahogo y no ser quien quiero ser.
Por mis viejos, sus expectativas y las mías.
Porque la depresión no me deja ser normal y vivir como una persona.

No sé si a las que viven en Argentina les pasa lo mismo, pero es que todo es una mierda acá. Y más si estás sin trabajo. Me siento un parásito de nuevo. Me enfermo y no quiero depender de mis padres para eso. Pero no me queda otra porque todos mis ahorros se fueron en un celular nuevo el mes pasado, porque fui una estúpida y estaba ebria y rompí el anterior. No entiendo por qué tengo que ser tan estúpida. 
Me enoja no estar recibida aún y todo lo que me falta para eso. Tengo todo eso en la cabeza y lo que más me molesta, más que todo, es que no me esfuerzo para salir de esta situación. No estoy preparando exámenes, me hago la pelotuda porque estoy cursando materias y sólo me limito a leer, resumir y estudiar para esos parciales. Pero tengo las mañanas libres, tengo algunas tardes libres pero no puedo agarrar un libro. Y tengo quinientas excusas para mi comportamiento, todos los días y a cada rato tengo una excusa nueva y me engaño a mi misma. 
Esta semana estuve pensando en volver a terapia, pero obviamente no tengo dinero para darme ese lujo. Así que soy esto, me odio y no puedo cambiarlo. 
Apenas puedo abrir los ojos porque están demasiado hinchados, discutí con mi madre y no salí de la habitación en horas. Soy una adolescente atrapada en el cuerpo de una adulta.
¿Cómo puedo salir de esto?
La razón por la que quebré tanto en llanto hoy fue porque tenía lo necesario para terminar conmigo esta tarde y me puse a pensar en las reacciones de la gente luego de mi deceso. Pensaba que la cama sobre la que estaba ya no sería nunca más mi lugar de consuelo y que en unas horas podría estar en un ataúd, en un frío cementerio, para nunca más volver. 
¡Qué dramática! Y sí, pero todo es verdad.
Pero no pude, no me animé.
Y si me arrepiento, pero también me arrepiento de muchas cosas más.

Espero que las cosas mejoren para todos.
Nos leemos.

jueves, 29 de agosto de 2019